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Tecnología y Educación  ·  23 de septiembre de 2026  ·  Darciel Meseguer

The Unforgiven: la última generación que creció desenchufada

The Unforgiven: la última generación que creció desenchufada

Hace mucho que no había posteos en el blog. El último fue sobre subirse al tren porque era casi tarde.

Era el lejano y antiguo agosto. Hace menos de dos meses. Pero, en los tiempos que corren, esto es una eternidad.

Tengamos presente este concepto: en 2022 se lanzó ChatGPT al público masivo. Desde entonces, la aparición de nuevos modelos de lenguaje se aceleró de una manera difícil de seguir. Cada pocos meses aparece un modelo nuevo, una versión más rápida, más inteligente o más capaz que la anterior. Cuando creemos que finalmente entendimos hacia dónde va la tecnología, ya cambió el camino. Hoy aparece un modelo nuevo cada pocas semanas. Tremendo.

Da miedo, ¿verdad?

Bien. Como ya nos acostumbramos a acompañar nuestros textos con un soundtrack, vamos a hablar de la canción que va a sonar de fondo mientras leemos este posteo. Y, como siempre, mi elección no es accidental. Les presento este temazo:

The Unforgiven, de Metallica.

Mandale play y después seguí leyendo. Creo que este es uno de los mejores temas que escuché hasta hoy y sé que representa lo que quiero transmitir en este texto.

Ahora, paremos un segundo. Con la música sonando como debe ser y si tenés auriculares en los que puedas disfrutarla a todo volumen, mejor.

Esto no es un blog de música. Es un blog de tecnología. Entonces, ¿qué tiene que ver esta canción con el inicio de un posteo sobre la velocidad de los cambios?

Pues nada.

Y mucho.

No dejo de pensar en la historia que yo escucho en la letra: un niño que llega a la Tierra y rápidamente es incluido en nuestras reglas. Un adulto que crece frustrado y no puede mostrar lo que siente ni lo que sabe. Y, finalmente, un anciano que se prepara para morir sin haber brillado con aquello que llevaba dentro.

Un imperdonable.
The Unforgiven.

Seguimos. ¿Qué tiene que ver todo esto con la rapidez de la inteligencia artificial?

Paciencia, mi querido lector. Si entraste a este blog y aguantaste hasta acá, probablemente fue por tomarnos el tiempo y para encontrar textos que no son sintéticos. Porque quizás a vos también te pasa lo mismo, estás en una búsqueda del no sé qué. Ya vas a ver.

Desde hace dos meses me da vueltas en la cabeza una idea:

somos la última generación que creció desenchufada.

La última generación que pasó buena parte de su infancia sin ser guiada permanentemente por algoritmos. La que se relacionaba cara a cara. La que se aburría. La que tenía que esperar. La que sacaba una foto sin saber inmediatamente cómo había salido.

Y es muy posible que ese mundo que conocimos y que nos hizo tan felices desaparezca para siempre.

Volvamos a la comparación con el temón de Metallica.

Hoy están naciendo niños que llegan a una sociedad con nuevas reglas. Reglas que estamos escribiendo de manera bastante mansa, casi distraída, sin pensar demasiado en sus consecuencias.

No dejamos de construir. No dejamos de conectar. No dejamos de automatizar. Y, mientras hacemos todo eso, también estamos decidiendo qué cosas van a dejar de ser necesarias para las próximas generaciones.

Pero estas nuevas reglas que estamos tejiendo, sabemos que no son del todo buenas. Vemos a las infancias que no juegan, las juventudes que ya no viven para relacionarse y los adultos que estamos presos de una pantalla de computadora.

No dejo de imaginarme a esos futuros hombres como imperdonables. Unforgivens. No porque sean culpables, sino porque quizás no puedan brillar con lo que sienten ni con lo que saben.

Y acá aparece un poco de remordimiento.

Nuestra generación tiene parte de la culpa. Nosotros estamos creando estas reglas y este nuevo mundo. Un mundo que podría estar lleno de posibilidades, pero también de personas que nunca llegan a descubrir de qué eran capaces porque no les dejamos lugar ni espacio para hacerlo. Les estamos quitando el mundo que nosotros disfrutamos y hoy apreciamos.

No es accidental que el último trend de moda fue el volver a los 80.

El último trend fue un símbolo de lo que añoramos. No solo juventud, sino que teníamos a disposición un mundo donde podíamos brillar con lo que éramos y sabíamos.

Las generaciones futuras quizás no brillen porque el mundo que les estamos dejando quizás no se los permita. La IA generativa y la tecnología están invadiendo, a pasos agigantados, nuestra realidad. Nos sacan de relaciones reales, nos ahorran ciertos esfuerzos y nos arrojan hacia un mundo cada vez más sintético.

Y acá viene mi pregunta personal:

¿Qué hacemos para no morir como viejos imperdonables?

Creo que puedo esbozar una respuesta. No sé si es la mejor.

Podemos elegir qué partes de nuestra humanidad transferirle a la tecnología. Podemos aprovechar sus beneficios sin entregarle todo. Podemos dejar que nos ayude a escribir, pero no permitir que decida qué tenemos para decir. Podemos usarla para crear imágenes, pero seguir mirando el mundo con nuestros propios ojos. Podemos pedirle respuestas, pero conservar la capacidad de hacernos preguntas.

Quizás no se trate de volver a vivir desenchufados. Eso ya no es posible, o al menos no completamente.

Quizás se trate de no olvidar cómo era estar conectados con nosotros mismos antes de estar conectados con todo.

Tenemos la oportunidad de transmitirles esto a nuestros hijos. Mostrarles cómo era el mundo antes. Mostrarles que no hace falta la tecnología para todo.

Porque tal vez el verdadero imperdonable no sea quien no pudo brillar.

Tal vez sea quien tuvo algo para decir y decidió entregárselo a una máquina.


PD: aquí hago un disclaimer. Hablé de los 80, pero para mí la mejor época fueron los 90, y ustedes no están listos para esta discusión.